Sr. Imbroda. Actualizo mi anterior misiva.
Estimado señor Imbroda:
De nuevo me pongo en contacto con usted, aunque sé, casi con toda seguridad, que esta nueva carta no será leída por su señoría, y si la lee, pensará que es otra parrafada de las muchas que le suelen decir sus detractores.
Pues no, señor Imbroda, no soy un detractor suyo, como tampoco soy un seguidor. No estoy afiliado a ningún partido ni me considero afín a las particularidades y defensas de los idearios de cada uno de ellos.
No, señor Imbroda, no, (y permítame usar el recurso que muchas veces usan en la tribuna del Parlamento, repitiendo una y otra vez el “sí” o el “no”.
Yo soy docente, y en concreto soy maestro, y no le niego que me siento molesto con bastantes de las afirmaciones que usted realiza en sus intervenciones públicas. Ayer dediqué un rato de mi tiempo “libre” a ver, escuchar, leer y tomar notas sobre su intervención en el Parlamento con respecto al punto quinto del orden del día:
11-19/APP-000215, 11-19/APP-000159, 11-19/APP-000180, 11-19/APP-000276 y 11-19/APP-000204. Comparecencia del consejero de Educación y Deporte, a fin de informar sobre el Programa de Refuerzo Educativo y Deportivo estival
Le aseguro que he intentado ser lo más ecuánime posible tanto con su intervención como con las intervenciones de los portavoces de todos los grupos parlamentarios.
Pues bien, si me lo permite, le comento algunas cosillas que, yo considero importantes. Le recuerdo (si es que está leyendo estas palabras), que yo soy un simple docente, y ni entiendo de política ni de estructuras de planes europeos, fondos, tal o cual.
Usted menciona que tiene datos sobre el porcentaje de abandono escolar, en concreto menciona la cantidad de un 22 %, y hace referencia a que es un tema muy preocupante. Efectivamente, en esto estoy de acuerdo con usted, no en el porcentaje, que yo ignoro al no tener los datos ni poder conseguirlos de una manera fiable y no sesgada, sino que cualquier porcentaje (aunque sea el 0,0001 %) del alumnado abandone el sistema educativo. Nadie debería abandonar, nadie. Pero, ¿estamos pensando, analizando y poniendo soluciones para que esto no ocurra? O lo que estamos haciendo es poniendo “tiritas autoadhesivas de colorines” a los granos que van surgiendo. Yo me lo pregunto, sinceramente.
Si en algún momento está usted interesado en conocer mi opinión sobre posibles causas de abandono escolar y posibles soluciones que sirvan para aportar algunas ideas, (desde mi visión de una persona docente, sin que pertenezca ni represente a nadie), estoy a su disposición.
Pero ese no es el tema de esta carta, ya habrá tiempo de hablar de eso, si usted lo desea.
Usted menciona que hay 240.000 niños “en esa situación”. Le pregunto sinceramente, ¿en qué situación? ¿A qué hace usted referencia con la “situación”? ¿Es al alumnado que en la segunda evaluación han suspendido algunas de las asignaturas estrella? De verdad, que no es una pregunta maliciosa, es ignorancia mía.
Hay una frase que usted ha dicho en su comparecencia, y que estoy completamente de acuerdo (para que vea que en algo coincidimos, señor consejero).
“Quiero que sepan que la repetición, la repetición de curso tiene una alta correlación con el abandono escolar temprano, y saben ustedes que esa repetición, esa repetición, es la antesala del fracaso.
“
Efectivamente, la repetición de curso lleva al fracaso siempre que no sea una repetición fundamentada en la propia persona, en el desarrollo de sus capacidades y no en la falta de consecución de los contenidos marcados. Pero, ¿se ha preguntado la causa? Es muy bonito decir que la repetición lleva al fracaso y al abandono para dejar esa frase en el limbo de las actas parlamentarias. Y no me venga usted diciendo que con el programa estival van a poner parte de solución. No. No lo creo.
Podría seguir analizando apartado por apartado toda su exposición, pero alargaría mucho estas palabras. Sin embargo, sí quiero hacer referencia a un par de expresiones que como docente me han dolido.
Usted ha mencionado:
“Alumnos con necesidades especiales. Estamos esperando a, cuando tengamos los datos definitivos, calcular, ¿no?, qué necesidades pedagógicas deben estar atendidas —y, por supuesto, atendidas por pedagogos, terapeutas—. “
Entiendo que la idea es “Vamos a ver cómo sale con el alumnado “normal” y después ya veremos cómo lo hacemos con los otros”. Sinceramente me he sentido tan, tan , tan decepcionado que he sentido mucha rabia. De hecho, es uno de los motivos por lo que escribo estas palabras. Estamos luchando por una verdadera integración e inclusión (supongo que usted distinguirá las diferencias entre una y otra palabra), luchando por la inclusión plena, con todo lo que encontramos a nuestro alcance, para que ahora ustedes vengan a decir, que este alumnado… no, que se espere, que primero van los que han suspendido una asignatura estrella en la segunda evaluación, después ...¡¿después?! los que han suspendido dos, en tercer lugar serían los de tres suspensos,… Como dirían algunos de mis alumnos y alumnas:”Me loh’plica”.
Otra frase-puñalada no la dijo usted, pero sí su compañera de partido, la señora Sánchez Muñoz. Casi acabando su disertación expuso:
“Pero es más, aquellas personas que han hecho ruido y que han impedido, que no han contribuido a motivar la participación en el programa, no le han hecho daño a este Gobierno, que ya ha hecho los deberes sacando el programa, le hacen daño a todos aquellos niños y niñas para los cuales sería una enorme ventaja poder disfrutar de él.”
Supongo que usted está de acuerdo con esas palabras, pero yo, evidentemente, no. Yo no he contribuido a la motivación, incluso he hecho lo contrario. Pero no me diga, (no lo admito ni por parte de su compañera de partido ni por su parte, en el caso que refrende esas palabras) que yo he hecho daño al alumnado. No se lo admito, cuando llevo treinta y siete años luchando por la educación y por desarrollar la capacidades de cada uno de los cientos de alumnos y alumnas en las que he volcado todo mi anhelo y mi poco o mucho saber docente.
Y, ¿me dice usted, señor Imbroda que este programa está “dirigido fundamentalmente para los niños que están entre quinto y sexto de Primaria, porque es la antesala, la antesala a las dificultades. Es en Secundaria donde se producen, pero donde empiezan y donde se originan está en la Primaria. “?
Creo que con esas palabras ha ofendido a muchos docentes y sobre todo a los maestros. ¿Me va a negar que está usted pensando que el alumnado cuando llega a secundaria tiene problemas debido a que no se le ha preparado bien en la primaria?
Ya sé que usted no me conoce de nada, y supongo que no tendremos la ocasión de hacerlo. Si en algún momento sintiera interés por las opiniones que expreso, le doy la dirección de mi blog con mucho gusto. Pero quisiera acabar esta carta con una simple reflexión y que reitero con frecuencia en ese blog y en las charlas y conversaciones con los compañeros: “La calificación es una clasificación del alumnado”. Usted, y su actual equipo en la consejería me ha ratificado esa opinión. Ha tomado las notas de la segunda evaluación para clasificar al alumnado por dicha calificación. ¿Dónde quedan los informes de los grados de desarrollo del alumnado? “Missing”
¿Dónde quedan los trabajos personales y las capacidades autónomas de cada alumno o alumna? “Missing”… Y habría muchos más “Dónde” y muchos más “Missing”.
No quiero despedirme de usted sin mandarle un cordial saludo, al fin y al cabo, usted es el representante político de la Consejería donde trabajo.
Atentamente,
Enrique Guerrero.
P.D. Tanto la intervención en vídeo, como el acta en formato PDF se pueden obtener desde:
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